15 de octubre de 2026

Heladas y tejados en Burgos: por qué se rompen las tejas en invierno

El hielo parte la teja desde dentro. Cómo actúan las heladas en un tejado de Burgos, qué señales avisan y qué revisar antes de que llegue el frío.

Tejas árabes nuevas colocadas entre tejas viejas con líquenes junto a la cumbrera

Quien vive en Burgos sabe que el invierno no es solo frío: es una sucesión de noches bajo cero, mañanas de escarcha y días de sol que deshielan lo que la noche congeló. Ese vaivén es exactamente lo que más castiga a un tejado. No hace falta un gran temporal para que una cubierta empiece a fallar; basta con muchos inviernos de heladas sobre una teja que ya no está en su mejor momento.

Qué le hace el hielo a una teja

La teja cerámica es porosa. Con los años, y sobre todo cuando pierde la capa superficial, absorbe más agua. Si esa agua se queda dentro de la pieza y por la noche hiela, aumenta de volumen y empuja desde dentro. Una sola helada no rompe una teja sana, pero cientos de ciclos de hielo y deshielo acaban abriendo fisuras, levantando láminas en la superficie y, al final, partiendo la pieza.

Por eso en los tejados de la meseta es tan habitual ver tejas que se deshacen al tocarlas, que se descascarillan en capas o que aparecen partidas sin que nadie haya pisado el tejado.

Los puntos que más sufren

No todo el tejado se estropea al mismo ritmo. Hay zonas que conviene mirar primero:

  • Las vertientes orientadas al norte. Pasan buena parte del invierno sin sol, tardan en secarse y acumulan musgo, que retiene todavía más agua sobre la teja.
  • Las cumbreras y los caballetes. El mortero que las sujeta también sufre con el hielo, se agrieta y se suelta. Una cumbrera abierta es una entrada directa de agua.
  • Las limas y los encuentros con chimeneas. Es donde se acumula la nieve y donde el agua corre con más caudal cuando se deshiela.
  • Los aleros. El borde del tejado es el más expuesto al viento y a los cambios de temperatura.

Señales que se pueden ver sin subir al tejado

No hace falta (ni conviene) subir al tejado para saber si algo va mal. Desde la calle o desde un punto alto cercano se pueden ver tejas descolocadas, hileras torcidas o zonas con mucho musgo. Si encuentras trozos de teja en el suelo, en el patio o dentro del canalón, es una señal clara de que alguna pieza se está rompiendo.

Desde dentro, sube al desván con una linterna en un día soleado. Si ves puntos de luz entre las tejas, manchas oscuras en la madera o en el tablero, o notas olor a humedad, el agua ya está encontrando camino. En la última planta, una mancha en el techo que aparece días después de una nevada también apunta al tejado.

Por qué conviene revisarlo antes del invierno

Una teja fisurada en octubre es una teja rota en febrero. Revisar el tejado antes de las primeras heladas permite cambiar las piezas que ya están tocadas, recibir de nuevo las cumbreras sueltas y dejar libres los canalones, para que el agua del deshielo tenga por dónde salir.

Además, en pleno invierno los días útiles para trabajar en una cubierta son pocos. Con el tejado mojado, helado o con viento no se puede subir con seguridad, y una reparación que en otoño se hace en una mañana puede tener que esperar semanas.

Reparar o retejar

Si las tejas rotas son pocas y están localizadas, basta con sustituirlas y revisar los remates. Pero cuando el deterioro está repartido por todo el tejado, cuando cada invierno aparece una gotera en un sitio distinto o cuando la teja se deshace en general, lo más sensato suele ser retejar: levantar la teja, revisar la madera y colocar una lámina impermeable debajo. Esa lámina es la que evita que una teja rota en el futuro se convierta en una gotera.

En resumen

El clima de Burgos desgasta los tejados de forma lenta pero constante. Mirar la cubierta una vez al año, preferiblemente en otoño, y actuar en cuanto aparecen tejas rotas o cumbreras abiertas es la forma más sencilla de evitar goteras y reparaciones mayores. Si tienes dudas sobre el estado de tu tejado, cuéntanos lo que ves y te ayudamos a valorarlo.

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